No hay nada como un plato calentito para reconfortar el cuerpo y el alma. Y esta sopa de tomate tiene además todo lo que me gusta de este tipo de recetas: es cremosa, sabrosa, fácil de preparar y nos permite reunir en un solo plato ingredientes sencillos y nutritivos.
Y hablando de aprovechar lo que tenemos… si tienes conserva de tomate casera, esta receta es la excusa perfecta para sacarla del armario y darle el protagonismo que se merece. Porque sí, sabemos que la hiciste con todo el cariño del mundo, la guardaste como un tesoro y ahora está ahí, esperando su gran momento.
Si además utilizas caldo de huesos, añades a la receta proteínas procedentes del colágeno y aminoácidos como la glicina y la prolina, además de minerales y electrolitos. A mí me parece una forma estupenda de enriquecer nutricionalmente una sopa tan sencilla. Y si no tienes caldo de huesos, puedes utilizar otro caldo que te guste y la receta funcionará igualmente.
Tomate cocinado y licopeno: una combinación interesante
El tomate aporta vitaminas, minerales y diferentes compuestos bioactivos, entre los que destaca el licopeno, un carotenoide responsable de buena parte de su característico color rojo.
Y aquí ocurre algo interesante: la cocción del tomate pueden favorecer la biodisponibilidad del licopeno, facilitando que nuestro organismo pueda aprovecharlo. Además, como se trata de un compuesto liposoluble, consumirlo acompañado de una fuente de grasa favorece su absorción. En esta receta tenemos varias: el aceite de oliva, el pesto y los frutos secos.
Esto no significa que tengamos que elegir entre tomate crudo o cocinado. Una ensalada de tomate y una sopa como esta son dos maneras diferentes de disfrutar de un alimento que podemos incorporar de muchísimas formas a nuestra alimentación.
Una sopa de tomate perfecta para llevar al trabajo
¿Lo mejor? Que esta sopa no solo es fácil de hacer, sino que es perfecta para llevar al trabajo. Imagínate la escena: estás en plena jornada, ya no sabes si lo que sientes es hambre o agotamiento existencial, y ahí está tu sopa, esperándote en el tupper o el termo. Le das un sorbo, cierras los ojos y, por unos segundos… silencio, paz, felicidad. Un momento de relax en medio del caos que, sinceramente, vale oro.
Es rápida, cremosa y tiene ese toque inesperado que le da el pesto y los frutos secos. Además, puedes preparar más cantidad y dejar solucionada parte de otra comida.
Cómo preparar sopa de tomate cremosa
Con unos cuantos ingredientes y muy poco trabajo puedes tener esta sopa preparada en un momento. Tomate, caldo, pesto y frutos secos se combinan para conseguir una textura cremosa y muchísimo sabor sin complicarnos en la cocina.
Vamos con la receta.

Sopa de tomate con pesto y frutos secos
Ingredientes
- 800 ml de caldo de huesos o el caldo que prefieras
- 600 ml de tomate natural si usas conserva casera ¡mejor!
- 2 cucharaditas de cebolla en polvo
- 2 cucharadas de pesto
- Un puñadito de avellanas o almendras tostadas
- Sal marina no refinada al gusto
- Un chorro de aceite de oliva virgen extra
Instrucciones
- En una olla, lleva a ebullición el caldo junto con el tomate, la cebolla en polvo, la sal y el pesto. Cocina a fuego lento durante unos 5 minutos para que los sabores se integren bien.
- Vierte la sopa en la batidora junto con las avellanas y el aceite de oliva. Tritura hasta obtener una textura bien fina.
- Sirve caliente y, si te apetece, decora con un chorrito extra de aceite de oliva, unas hojas de albahaca o unos frutos secos picados por encima.
Notas
Para un toque extra de sabor, prueba a tostar las avellanas o almendras antes de añadirlas a la batidora.
Si el tomate te resulta demasiado ácido, puedes suavizarlo con una pizca de bicarbonato al empezar la cocción o un poco más de frutos secos.
Y así, con unos cuantos ingredientes y cero complicaciones, tienes una sopa reconfortante, cremosa y llena de sabor. Perfecta para esos días en los que necesitas una pausa, un plato caliente y un poco de calma en forma de cuchara.
¿Tomate natural o salsa de tomate?
Aquí hemos utilizado tomate natural, pero no siempre tenemos tiempo o ganas de cocinar desde cero. Una buena salsa de tomate puede ser un recurso estupendo para tener en la despensa y solucionar muchas comidas rápidamente.
Eso sí, entre unas opciones y otras puede haber bastantes diferencias y merece la pena saber qué estamos comprando. Si quieres aprender a distinguirlas, en el blog te explico qué mirar en los ingredientes y en la etiqueta en Cómo escoger una buena salsa de tomate.

FAQ
Preguntas frecuentes sobre la sopa de tomate
¿Puedo utilizar tomate en conserva para preparar esta sopa?
Sí. El tomate en conserva es perfectamente válido y, además, convierte esta receta en una opción muy práctica para preparar con alimentos que podemos tener siempre en la despensa. Y si tienes conserva casera, todavía tienes una buena excusa para abrir uno de esos botes que llevas meses guardando.
¿Puedo preparar la sopa de tomate con antelación?
Sí. Puedes prepararla con antelación y conservarla correctamente refrigerada. De hecho, hacer más cantidad de una vez puede dejarte solucionada parte de otra comida y ahorrarte tiempo durante la semana.
¿Se puede congelar la sopa de tomate?
Sí. Puedes repartirla en porciones y congelarla para tener una comida preparada para otro día. Déjala enfriar antes de guardarla y utiliza recipientes adecuados, dejando algo de espacio libre porque el contenido aumenta de volumen al congelarse.
¿Por qué es interesante combinar tomate cocinado y aceite de oliva?
El licopeno es uno de los compuestos característicos del tomate y su biodisponibilidad puede aumentar con el procesado térmico. Además, al ser liposoluble, la presencia de grasa en la comida favorece su absorción. Por eso combinar tomate cocinado con aceite de oliva virgen extra es una manera estupenda de disfrutarlo.
Si quieres saber más sobre el licopeno y por qué la forma de preparar el tomate influye en cómo lo aprovechamos, puedes ampliar información en este artículo de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA).
Ruth Magem
Dietista
Colegiada ASNADI 1002